Una investigación internacional, en la que tuvo participación la Universidad de Chile, planteó que la obesidad se asocia con síntomas menopáusicos más severos, asociados de otras condiciones de salud, como hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares o respiratorias e inactividad física.
Publicada en la revista Menopause, el estudio corresponde a un subanálisis del análisis multinacional Redlinc XII, que consideró datos de 722 mujeres postmenopáusicas de nueve países de América Latina y evaluó la relación entre obesidad, enfermedades crónicas, actividad física y severidad de los síntomas climatéricos.
Entre las autoras, se encuentra la Dra. María Soledad Vallejo Maldonado, del Departamento de Obstetricia y Ginecología del Hospital Clínico Universidad de Chile, quien destacó que el aporte del informe está en mirar la enfermedad más allá del peso corporal.
“El principal hallazgo del estudio fue demostrar que la obesidad se asocia fuertemente con una mayor severidad de los síntomas del climaterio en mujeres postmenopáusicas, tanto de manera directa como indirecta a través de enfermedades y factores relacionados, como la hipertensión arterial, diabetes, enfermedades cardiovasculares o respiratorias e inactividad física“, explicó Vallejo.
En ese sentido, destacó que la obesidad no se analizó como un factor aislado, sino mediante un modelo estadístico que permitió observar cómo distintas variables interactúan entre sí. De esa manera, se mostró que las mujeres con obesidad tenían mayor probabilidad de presentar síntomas climaterios más severos al considerar conjuntamente los efectos directos e indirectos de las enfermedades asociadas.
Vallejo planteó que la obesidad puede actuar como “una cadena” de problemas de salud que agrava la forma en que se vive la menopausia: “El exceso de grasa corporal favorece la inflamación, altera las hormonas y neurotransmisores relacionados con el sueño, el estado de ánimo y la regulación de la temperatura corporal, lo que puede aumentar los síntomas como bochornos, cansancio, irritabilidad, ansiedad y trastornos del sueño“.
A eso, se suma que la obesidad aumenta el riesgo de hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares: “En otras palabras, no es solo el peso corporal, sino todo el impacto metabólico y funcional asociado a la obesidad lo que influye en cómo se vive la menopausia”.
El análisis utilizó la Escala de Calificación de la Menopausia, instrumento que mide síntomas somáticos, psicológicos y urogenitales, y aplicó un modelo de ecuaciones estructurales generalizadas para evaluar asociaciones directas e indirectas.
En esa medición, las mujeres con obesidad presentaron 75% más probabilidades de reportar síntomas severos en comparación con mujeres sin obesidad. Además, se mostró que la asociación se intensifica cuando se considerar factores intermedios como enfermedades asociadas.
Mirada integral
Por su parte, el doctor Sócrates Aedo, académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Finis Terrae y autor principal del artículo, planteó que los síntomas de la menopausia deben verse con una mirada integral, que considere el “estado metabólico, enfermedades crónicas, actividad física y la salud emocional”.
“La sintomatología de la mujer durante el periodo de la menopausia no está relacionada solo con la terapia hormonal, sino con todas las cosas que le pasan en su vida. La obesidad, la hipertensión, la diabetes, la actividad física y el uso de ciertos medicamentos influyen en cómo se expresan síntomas como el cansancio, la angustia, la irritabilidad o los bochornos“, sostuvo.
Aedo realizó un mensaje a las mujeres: “Ojalá lleguemos con un peso saludable a esta etapa, pero si no, también está el desafío de poder cambiarlo, porque se puede cambiar. El mensaje es cómo me cuido y cómo me atiendo de la mejor forma, con el objeto de lograr una mejor calidad de vida”.
Igualmente, la doctora Vallejo planteó que la menopausia no debe ser vista únicamente como un cambio hormonal inevitable o como el fin de una etapa, sino como una forma de fortalecer la salud integral.
“El estudio también mostró que las mujeres físicamente activas y aquellas con mejores hábitos de salud presentaban menos síntomas del climaterio. Por ello, adoptar estilos de vida saludables como caminar regularmente, evitar el sedentarismo, cuidar la alimentación y consultar precozmente con profesionales de salud puede tener un impacto muy positivo en esta etapa de la vida”, afirmó la académica.
El estudio también consignó que la inactividad física y el uso de antidepresivos se asocia con mayor severidad de síntomas, mientras que un mayor nivel educacional, la actividad física regular y el uso actual de terapia hormonal de la menopausia se relacionaron con menores puntajes en la escala de síntomas.
Los autores advirtieron que se trata de un estudio observacional y transversal, por lo que permite identificar asociaciones, pero no establecer causalidad.
La publicación reunió un equipo internacional con autorías de Chile, Argentina, Brasil, México, Panamá, Ecuador, Perú, Costa Rica, Bolivia y Colombia.




