Divisivo. Ese es la palabra que más se repite al describir “Digger”, la primera colaboración cinematográfica entre el actor Tom Cruise y el cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu, y aquel adjetivo no resulta nada negativo. Esa era justamente la intención.
Es diferente, es estrafalaria, es arriesgada, es sombría, es desafiante. Lo que Iñárritu y Cruise buscan es mostrar lo absurda que puede ser la humanidad en un relato donde no todo es lo que parece, con una manifiesta intención de incomodar.
Lejos de los héroes de acción, Cruise interpreta a un extravagante y megalomaníaco magnate petrolero, “Digger Rockwell”, quien queda al centro de una catástrofe climática causada por su negligencia. Pero él es el hombre más poderoso del mundo, uno capaz de reunir a las mayores autoridades del país en su salón en cuestión de minutos, y el sistema le permite tener la posibilidad de convertirse en el salvador de su propio desastre.
Cruise prácticamente irreconocible, envejecido gracias al maquillaje con prostéticos y con sobrepeso, cuenta con momentos en los que explora al máximo su horizonte actoral, incluyendo un extenso e intenso monólogo donde lanza duras verdades sobre los grandes poderes. El actor que arriesga su vida por lograr impresionantes hazañas en la acción se entrega con la misma pasión desbordada en un rol nada convencional, bastante más lejos del prestigio de lo que uno hubiera imaginado.
Esto adquiere mayor peso cuando el mexicano y su equipo se guardan unos giros argumentales -los cuales no revelaremos acá- que cambian de forma radical lo que estamos viendo en pantalla. Aún así, el mensaje se mantiene claro, directo y palpable, en una película de desastres que más bien roza lo documental, donde la realidad avanza más rápido que la ficción y el humor llega al ver a la raza humana reflejada en la pantalla, heredando el caos que provocó.
Cruise se lleva el peso dramático, pero Riz Ahmed le hace la pelea. Está increíble como un angustiante científico enfrentado a la inescrutable megalomanía de “Digger” en una sociedad que dejó de ser lógica, tal como la realidad actual.
John Goodman recuerda a cierto ocupante de la Casa Blanca y Sandra Hüller merecía mayor presencia, en un elenco que inevitablemente es eclipsado por dos elementos clave: el deslumbrante diseño de producción y la infalible fotografía de Emmanuel “El Chivo” Lubezki, que sacan aplausos al cumplir roles fundamentales.
Iñárritu no siempre acierta, teniendo “Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)” (2014) y “Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades” (2022) como grandes ejemplos, pero hay que alabar que un cineasta tenga algo que decir, una mirada propia, en una superproducción de 125 millones de dólares para un gran estudio hollywoodense.
Dentro de una sociedad donde los grandes poderes buscan controlar la narrativa, el arte debe encontrar su lugar y la película no esconde esa búsqueda, la expone de manera nada sutil.
Nadie saldrá indiferente de la sala de cine, incluso algunos podrán abandonar antes la proyección, y aun así la misión estará hecha. “Digger” no es complaciente, esa es su mayor virtud.
“Digger” se estrenará este jueves 1 de octubre en cines.




