La Conferencia Episcopal de Chile se refirió al significado que mantiene el 11 de septiembre de 1973 para el país, en un mensaje difundido por su Comité Permanente. Los obispos advirtieron que la fecha aún genera posturas enfrentadas y permanece marcada por el dolor asociado a los acontecimientos que la rodearon. Ante este escenario, plantearon la necesidad de avanzar en verdad, justicia y reconciliación.
Según lo recogido por 24 Horas, el mensaje episcopal también puso el foco en las personas afectadas por las graves violaciones a los derechos humanos. La Iglesia llamó a mantener una actitud de cercanía tanto con las víctimas como con los familiares de quienes perdieron la vida o fueron sometidos a desaparición forzada.
“La sociedad necesita conocer los hechos con claridad, honrar la memoria de las víctimas y rechazar la manipulación del pasado”, sostiene el documento, apuntando a que la verdad debe ser fundamental para evitar que la historia se repita.
“La paz no consiste en olvidar el pasado, sino en asumirlo”
Junto con abordar la necesidad de justicia, el Comité Permanente —compuesto por René Rebolledo Salinas, arzobispo de La Serena; Ignacio Ducasse Medina, arzobispo de Antofagasta; Fernando Chomali Garib, arzobispo de Santiago; Juan Ignacio González Errázuriz, obispo de San Bernardo; y Cristián Castro Toovey, obispo de Santa María de los Ángeles— destacó la importancia de reconocer el dolor que dejó la violencia política en quienes se vieron directamente afectados por ella.
En su mensaje, los obispos advirtieron que “no puede consolidarse reconciliación auténtica allí donde persista la sensación o la realidad de la impunidad”. Por ello, defendieron una justicia aplicada “con rigor e imparcialidad”, alejada del odio y la venganza, y plantearon reconocer, sin igualar responsabilidades, el sufrimiento de quienes enfrentaron violencia, persecución, prisión, exilio o la pérdida de familiares.
La misiva también plantea que las diferencias políticas no impiden construir una sociedad reconciliada. A su juicio, esas discrepancias pueden convivir si se desarrollan dentro de una “amistad cívica sólida”. “La paz, por tanto, no consiste en olvidar el pasado, sino en asumirlo sin quedar prisioneros de él”, recalcaron.
Como cierre, los miembros de la Iglesia propusieron mirar la memoria del país como un punto de partida para avanzar hacia una convivencia común basada en el respeto. El documento resumió este llamado en una fórmula: “Verdad sin odio, justicia sin venganza, memoria sin resentimiento, perdón sin olvido y futuro sin exclusiones”. Asimismo, instaron a evitar que las diferencias deriven en enemistad y a construir “una sociedad más justa, fraterna y reconciliada”.




